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lunes 16 de noviembre de 2009

Una hoja en vuelo

1
 
No me preguntes
por mi pasado
ni interrogues
este momento.
 
Yo soy la hoja caduca
que nace y marcha
marchita en septiembre.
 
Nunca abracé el árbol
más que al nacer
en primavera.
 
Recoge el cuestionario,
por favor, y acepta...
mis vuelos.
 
 
2
 
Intento detener el reloj
y retenerte en cada beso.
 
Intento emborrachar tu piel
al filo de la voz de mi deseo.
 
Intento robarle a un instante
la felicidad que hoy siento.
 
No quiero despertar esta noche
y decirte que yo soy... un sueño.
 
 
3
 
No me encaja tu pieza
en mi puzzle ordenado
sobre mi acantilado.
 
No cabe tu maleta
dentro de mi armario.
 
No sé dónde poner
ese ramo de flores
que inunda mi casa.
 
No busques calendarios
para marcar el sábado
del vestido de cola
camino del altar.
 
Nuestro amor tiene fecha
de yogur caducado.
Lo tomas o lo dejas,
lo dejas o no está.
 
 
4
 
Yo arrojo los relojes
al vacío de las horas
y tú buscas una brújula
para ponerte en mi ruta.
 
¡Déjame en paz!
 
No resisto las preguntas,
el anillo que me ata
a un libro de familia,
el proyecto de un hijo.
 
Yo soy libre.
 
Tú yo yo para ti somos
un conjunto indivisible,
para mí seguimos siendo
dos impares divisibles
en número par impar.
 
Quiero volar.
 
Deja suelta mi cometa
para poder regresar.
 
 
 
 
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jueves 5 de noviembre de 2009

Un brazo sin pan

1
 
Eran tantos
que dejaron la mesa
vacía con las miradas.
 
Encogió el pan.
Marchó el agua.
Alguien recordó
el vino que faltaba.
Nadie habló de carnes.
 
Callaban. Quedaban. Miraban.
 
El blanquísimo mantel
era una pista de nieve
para los cubiertos.
 
Un niño hizo un trineo
con dos tenedores.
 
Los viejos rezaban.
 
Se levantó la mujer
y multiplicó los platos.
 
Comieron.
 
 
2
 
Cayó enterrado
entre los brazos.
Había muerto.
Un "señor" había muerto.
 
Se abrió el Cielo.
 
Dios, la Virgen, los santos,
el mismo Jesucristo
lo acogieron.
 
Ya estaba en el Cielo.
 
Abrió los ojos a la vida eterna
y tuvo miedo,
mucho miedo,
infinito miedo.
 
No había criados en el Reino.
 
Lloró por ellos.
 
 
3
 
El niño conoce
por primera vez
la pobreza en su cara
y la madre descubre
un brazo sin pan.
 
Señala el niño
la tela zurcida
y dice la madre:
bordados, mi amor.
 
El niño descubre
los pechos sin leche
y le cae lluvia
de quien lo parió.
 
Señala el niño
dos grifos abiertos
bajo las dos cejas
castañas marrón.
 
No lloro, mi niño,
es la emoción.
 
 
4
 
Le reza a Dios
con los dedos en silencio
y el alma en oración.
 
Es cierto que Dios existe,
así lo dice una flor.
 
Mira en si y sólo encuentra
Fe en su gran Creador.
 
Dios lo quiere, sea dicho,
pobre, sencillo, un dolor.
 
Bienaventurado es él
enchido de tanto amor.
 
Mira qué flores, los árboles,
ese prado tentador,
un pájaro que le trina,
margaritas sí o no.
 
Tanto Dios le ha regalado
que no le pide calor.
 
 
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viernes 9 de octubre de 2009

Momentos

1
 
Hiciste un alto
en tu guerra
y quedaste pintado
en el lienzo de tela.
 
El mundo era bello.
 
Un árbol hacía
de paraguas verde.
 
El caballo lamió
tus botas buscando
una vaca muerta.
 
Tú seguías perdido
en tus pensamientos.
 
El mundo era bello.
 
 
 
2
 
Desnudan el mar
con su desnudez
retando a las olas
a quedar de pie.
 
Uno y dos son tres.
 
El primero nada,
el segundo mira,
el tercero toca
la tierra que pisa.
 
Uno y dos son tres.
 
Las olas rehuyen
al trio infantil
temiendo ataudes
de nieve comer.
 
Uno y dos son tres.
 
 
3
 
Iban a caer
con un padrenuestro
rezado por monjes
"no me matarás".
 
Iban con el alma
libre de pecado
hacia el más allá.
 
Iban al abrazo
del Cielo infinito
con la puerta abierta
en un paredón.
 
Iban tan despacio
que uno gritó:
aquí yo espero
un tiro de amor.
 
 
4
 
Se amaron hasta morir
en el último intento
de hacerse esposos
delante de Dios.
 
Hoy los llora la suegra,
y la abuela, y la madre,
y una vecina que los comprendió.
 
Hoy derrumba su cuerpo
la amiga del alma
sobre el ataúd.
 
Parece imposible
que acabe una boda
en la última celebración.
 
 

jueves 1 de octubre de 2009

Los días que amé

1
 
El último sitio
y la soledad
son el abrazo
del pasado perenne.
 
Fueron ellos...
Ahora otros viven
un capítulo idéntico.
 
Quisiera gritarles
desde sus fragmentos,
decirles que se acaba
con la página triste
el último beso.
 
Se van...
Ya no puede teñir
su cielo azul
con sus nubes negras.
 
Calla... y se va
arrastrando su equipaje
tras ella.
 
 
2
 
Ya no se siente
la misma mujer,
ni nunca fue ésta
que el espejo ve:
un fondo de armario
estrenado en nuevos
vestidos iguales
a los que vistió.
 
Derrumba su yo
al pensar en él.
No existe. No está.
¡Qué duro es perder!
 
Agarra el espejo
y se rompe en él
dejando un río
corriendo a sus pies.
 
 
3
 
Sólo le queda
la paloma lenta
de la libertad,
y le pone alas,
y la hace volar.
 
¿Qué importa el precio
si vuela sin más?
 
Arriba, arriba;
¡Ay que se me cae!
 
Viene un avión
y une una ala
al ala metal.
 
Ahora su vuelo
es como silbar:
muy fácil, muy fácil,
y más lo será.
 
 
4
 
Se refugia en el parque
donde hablan los recuerdos.
han pasado pocos años.
han llovido muchos hechos.
 
Pasea el escenario
donde vivió los momentos
que huyeron como el viento
en su último recuerdo.
 
Él se fue.
Nada le queda.
 
Es un cero que no encuentra
una cifra a su derecha.
 
Es viuda de sus sueños.
 
 
 

miércoles 9 de septiembre de 2009

Te quise a morir

1

Yo te quería
cuando Casanova
habitaba en ti.

Eras un velero
anclado en mi playa
los martes y jueves,
y no me importaba
tu ruta los días
lejanos de mí.

Llenaba tu ausencia
con besos de otros,
llenabas mi ausencia
con otros aromas;
libertad me dabas,
libertad te di.


2

Quisiera recuperarte
un martes, un jueves
en él que amé.

Te quise a morir.

Fuiste mis suspiros,
la meta, la vida,
hasta el porvenir.

Te quise a morir.

Yo quería un barco
de idas y vueltas,
la vela sin nombre,
el puerto en mí.


3

Prefieres el mantel
y la somnolencia
a la vida loca
que yo te ofrecí.

Yo quería todo,
menos una llama
en la chimenea,
no quería álbum,
prefería el monte,
los días de risas,
champán y placer.

Yo quería el brillo
de mi estrella rota
en el alto cielo
subido a ti.

Yo quería tanto,
tanto, tanto, tanto,
que todo perdí.


4

Ya no eres él
y yo sigo siendo
la que conociste
cuando me inicié
en las malas artes
que jamás dejé.

Sigo disfrutando
sola los naufragios
durmiendo arropada
por versos iguales,
dejando el reloj
clavado en las seis.

Cambio las chaquetas,
pongo otro jersey,
tejo con mis dedos
fuera del papel.

Te busco y encuentro
él que no busqué.


lunes 31 de agosto de 2009

Mi reverso en tu certeza

1

 

Me pintas tan distinta,

tan idéntica al reverso

que no puedo decirle

a tu cuadro: yo soy ésa.

 

Esas manos no son mías,

ni lo es el continente.

No reconozco mi risa

en los labios que me dejas.

 

Llenas de oro mi bolso

hasta ponerme una mina

en la cartera que canta

coplas con la calderilla.

 

No, amor, yo no soy ésa

con cara de Mona Lisa.

Tampoco soy por la noche

el Leonardo que pinta.

 

 

2

 

Mi cielo es tu cielo,

y el suyo, y el de ellos.

Tantos cielos como infiernos

tú y yo estamos viendo.

 

¿No descubres una nube

en el rayo que calienta?

Mira, mira, esas gotas

que arrastra la corriente.

 

Allí van en un rosario

nadando los padrenuestros

de quien ora al que escucha

sólo las plegarias verdes.

 

Van hacia el mar de la nada

Donde el cielo es un infierno.

 

 

3

 

Estaba escribiendo

un guión idéntico

a la fantasía

que tienen mis versos.

 

Llegaste, venciste, te hiciste

el dueño de ella

hasta convertirla

en mujer-juguete.

 

Mírale el cuerpo.

No huele a hembra.

Es nada, mi nada, un juego

de pobre poeta.

 

Agarras los folios.

Acabas creyendo.

No sé si soy Cristo

o la Magdalena

al verte entregado a mis Evangelios.

 

Me pides más prosa,

más letras, más texto.

 

 

4

 

Buscas y rebuscas

y te montas

una moto.

 

Son las ruedas

las que corren

los más veloces

kilómetros,

el viento es gasolina,

los neumáticos colchones.

 

Dicen que hueles incienso

cuando rugen los motores

y aquella que se acerca

o es monja o es hombre.

 

Saltas una autopista

porque has visto una paloma.

Frenas lamiendo el semáforo

rojo fuego,

rojo carne,

rojo... ¿hombre?

 


lunes 24 de agosto de 2009

Soy la que no ve el espejo

1
 
Casi me atrevo
a hacerte una proposición
que dicen indecente.
 
Hoy soy llama.
Tú desierto.
Mi cabeza se incendia
con el viento.
 
Ya me atrevo.
 
Tú respiras
mi aliento
y no crees que la nieve
tiene fuego.
 
No pensabas
que yo fuera Magdalena.
 
Ahora crees,
y despiertas,
y me miras,
y te dejas.
 
 
2
 
He soltado la melena
sobre tu cuerpo desierto
hasta que la noche es día
y el día un nuevo encuentro.
 
Soy la que no ve el espejo,
un volcán, un gran incendio.
 
Te derrito, me supero,
voy y vengo como el viento.
 
No preguntes, calla ahora
mientras no me arrepiento.
 
 
3
 
Mañana me vestiré
con el traje seriedad.
Hoy no lo tengo.
Sólo emana
de mí el fuego,
los decibelios
rompen el techo
dejando los ladrillos
al rojo nuevo.
 
Me miras, me descubres,
te aterras al tenerme.
 
Soy la otra, la malísima,
ese yo que llevo dentro.
 
 
4
 
Me emborracho de ti
hasta agotar la sed
con tus abrazos.
 
Eres como el champán
en Navidades,
una cerveza
en el verano,
un tinto en agosto,
la horchata.
 
Haces posible
el imposible oasis.